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Deportes #LigaProfesional

Alegrando corazones

El "ferro" le ganó por primera vez a Newell's. Crece en la tabla, se aleja del descenso y sueña con un futuro mejor.

De un tiempo a esta parte, Central Córdoba se ha transformado en una piedra en el zapato para cualquier rival de la LPF.

 

Con sus limitaciones, con un plantel corto en calidad y cualidades, con pocas variantes, los dirigidos por Leonardo Madelón fueron edificando –en silencio y con mucha humildad- un equipo incómodo, rocoso, rústico, pero efectivo. Poco virtuoso, pero inteligente, porque pone –justamente- al equipo por sobre las individualidades.

 

No tiene figuras de renombre, pero su sólida columna vertebral y la picardía e inteligencia de algunos futbolistas con recorrido, guían a este “Tren ferroviario” por las vías de la consolidación.

 

En un fútbol tan competitivo como el nuestro, no es nada fácil estar seis partidos sin conocer a derrota, mucho menos si hablamos de un equipo con las características antes mencionadas.

 

Es cierto, empató mucho (4) y ganó menos de lo deseado (2), pero lo cierto es que ninguno, ni los encumbrados (léase San Lorenzo o Estudiantes) ni los otros rivales más a su medida lo pasaron por encima.

 

Saben, todos ellos, que para ganarle hay que hacer algo más que jugar bien a la pelota. Son conscientes, todos, que para ganarle van a tener que entregar lo máximo, como juega Central en cada presentación. Y, ni aun así, los rivales tienen de seguro si lograrán ese cometido.

 

Se ha ganado el respeto del mundo futbolístico, Central. Algo ha de hacer bien.

 

De a poco, Madelón y sus dirigidos —muy criticados por todos al principio por la manera de jugar— le fueron cambiando la opinión a los hinchas e incluso a la prensa.

 

Dije, en alguna que otra columna, que el equipo no iba a ser vistoso y que tampoco iba a tener la posesión de la pelota que la gran mayoría espera y desea. Por características de jugadores, eso se caía de maduro.

 

Pocos confiamos en este buen presente y me incluyo. No le veía uña de guitarrero, como quién dice. Pero el DT fue acomodando las piezas poco a poco. Encontró al arquero. De entrada el “9” no era Gamba. Ahora ambos son indiscutidos. Entendió que Besozzi  y Farioli —en menor medida— son los más desequilibrantes y los consolidó. En la zaga creció enormemente Pereyra y puede acompañarlo cualquiera (Goñi o Canto), da igual.

 

La banda derecha (tándem Blasi y Rius) es quizás lo más flojo. Son tácticamente correctos, pero muy limitados. Ahí faltaría encontrar a los intérpretes adecuados para que el equipo crezca y tenga más variantes de juego.

 

Puede no gustar como juega el equipo (en lo personal, lo admito, no me gusta), pero es innegable su entrega, su corazón y su inteligencia para llevar al rival a jugar en el terreno que más le conviene al “ferroviario”.

 

Y así, con esa idea de juego, viene cosechando puntos y alegrando corazones.

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