La resistencia de un pueblo que se  aferra a sus creencias y tradiciones
Actualmente, el barrio consiste de 24 familias en alrededor de 140 personas.
#VecinosQueSonTapa

La resistencia de un pueblo que se aferra a sus creencias y tradiciones

Silvia Rodríguez cuenta sobre su barrio, la relación entre toda la comunidad y con los vecinos de afuera, sus trabajos y tradiciones.
18/10/2020

Los tonokotés habrían habitado la región centro-sur occidental del territorio santiagueño desde el año 600 AP (antes del presente), aproximadamente. Según las investigaciones arqueológicas, el antiguo pueblo Tonokoté se dedicaba a la agricultura, caza, pesca, recolección de miel, frutos y semillas, hilado, tejido y alfarería. Quizá de origen amazónico (Podhajcer, 2011) o chaqueño (Farberman y Taboada, 2012), los tonokotés estaban en estrecha relación con otros pueblos de la región como los diaguitas cacanos, con quienes habrían compartido la lengua, y con los vilelas y lule-vilelas y mostraban similitudes en cuanto a la cultura material. En las crónicas coloniales, los tonokotés aparecen denominados como “juríes” juntamente con los vilelas, lule-vilelas y guaycurúes, debido a la utilización de plumas de avestruz en la vestimenta. La castellanización del nombre de este animal denominado “xuri” (voz quichua) o “suri” y transformado en “jurí” dio lugar a la denominación del territorio colonial como “la provincia de juríes”, detalla el informe Pueblos Indígenas en la Argentina del Ministerio de Educación de la Nación.
La historia de los pueblos originarios encierra un sinfín de luchas por parte de sus integrantes en donde el principal factor es la supervivencia ante el avance de los tiempos modernos y de las agresiones por parte de diversas fuerzas.
En este sentido y con el pasar de los años, el Estado le fue otorgando la visibilidad y las garantías que este sector social necesitaba para perdurar tal como lo está haciendo hoy.
En la ciudad Capital se encuentra conformado el barrio Auqajkuna de la comunidad Tonokoté, el mismo se ha convertido en un espacio que concentra a las familias pertenecientes a esta tradición y arraigo cultural.
Silvia Rodríguez es actualmente la secretaria de la comisión de dicha comunidad, y vecina del mencionado barrio, en diálogo con Nuevo Diario comentó sobre esta gran familia.
“Nosotros legalmente nos hemos conformado en el año 2013, pero anteriormente sin tener la personaría jurídica la comisión directiva siempre hemos sido la comunidad Tonokoté Auqajkuna, con la diferencia de que antes no teníamos ningún papel, ahora estamos bien conformados ya con todos los instrumentos legales. Tenemos la comisión en la cual la camache, que es la autoridad mayor es la señora Rosa Reina, luego tenemos el vicecamache que es César David y la secretaria que soy yo”, explicó.
Consultado sobre las costumbres que realizan indicó: “Las costumbres nuestras es trabajar haciendo artesanías en tejido, artesanías en arcillas y todo lo que es la gastronomía: empanadas, para el invierno locro, humita, tamales, pan casero, todas las comidas típicas de la región. Las mujeres somos las que trabajamos en gastronomía y en las artesanías, los productos se comercializan en el patio del ‘Indio’ Froilán ahí tenemos cuatro puestos que pertenecen a la comunidad. Yo en particular hago solamente lo que es el tejido, eso si lo hago en el salón cultural que pertenece a la comunidad y la venta la realizo por cuenta propia”.
Actualmente, el barrio consiste de 24 familias en alrededor de 140 personas.
Los conocimientos ancestrales son uno de los pilares de la comunidad, una acción que se realiza de generación en generación, dando a conocer todos los conocimientos que fueron desarrollando como agricultura, medicina, entre otros. “La transmisión de conocimientos de esta cultura ancestral se realiza dentro de cada una de las familias, antes de que comenzó la pandemia teníamos una escuelita para adultos para la gente que no ha terminado la primaria y donde se le brindaba toda la formación”, sumó Silvia.
En este orden, consultada por la relación que mantienen los vecinos tanto dentro de la comunidad como hacia afuera, explicó: “La comunidad en sí pertenece a una sola familia que es la familia Sosa, que está conformada con los padres, de ahí viene el árbol genealógico de los hijos, nietos y demás. Afuera de lo que es el predio, con los demás vecinos tenemos muy buena relación, nos ayudamos entre uno a los otros, de los modos que se necesiten”.
En este espacio, siempre se está pendiente de las ayudas que se pueden brindar al otro, al vecino que puede estar necesitando algo y se lo pueda ayudar.
La asistencia y la comunicación se reforzaron en tiempos de pandemia a fin de cuidar a todos los miembros de la comunidad “la jefa de afuera siempre nos está preguntando si estamos necesitando algo, llega gente que tiene acceso a los supermercados y se les brinda la asistencia a las familias que más lo necesiten en materia de alimentos”, agregó Silvia.
Sobre las dificultades y atrocidades por las cuales los pueblos originarios tuvieron que pasar no solo en Argentina, sino en todo el mundo Silvia explicó que es algo que lo tienen muy presente “Nosotros como pueblo hemos sufrido mucha represión históricamente, siempre lo recordamos y lo tenemos presente, cuando me preguntan lo siento como algo que sucedió ayer”.
Hace pocos días se conmemoró el Día de la Diversidad Cultural en todo el país, una fecha para que toda la sociedad pueda reflexionar sobre la importancia de comprender e identificar que todas las culturas pueden vivir armónicamente en un mismo territorio sin necesidad de interponer la violencia en el medio. Desde su óptica conmemoran el Día de la Resistencia Indígena, como una forma de recordar la lucha de los pueblos originarios desde el inicio de las invasiones.
Silvia comentó que las celebraciones más importantes con las cuales se cuenta dentro del barrio son las que se realizan durante el mes de agosto, el cual comienza con la celebración a la Madre Tierra.
A pesar de todas las instancias por las cuales esta comunidad como tantas tuvieron que atravesar, hoy Silvia y sus hijos tienen un presente diferente al de sus antepasados y a pesar de la emergencia sanitaria, el futuro aguarda mayores oportunidades para sus hijos, pues hay una sociedad que se abrió paso a la convivencia policultural y respetando todos los credos.
En Santiago, el barrio Auqajkuna es un ejemplo de que progresar es no dejar a nadie afuera de las oportunidades.

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