Andrea Loto:
#Entrevista

Andrea Loto: "Ser mamá es todo, me cambió la vida"

Es una de las referentes del arbitraje de Santiago y en este día especial, habló de su gran labor como madre y en el deporte.
18/10/2020

Andrea Loto superó todos los obstáculos, y en la actualidad, es una referente del arbitraje de nuestra provincia y el interior del país. Para ser más precisos, es una mamá “todo terreno” y en este Día de la Madre, no podíamos dejar pasar la oportunidad para hablar con ella.
Le costó mucho tiempo llegar a dirigir en primera división de la Liga Santiagueña, como también en los diferentes torneos de AFA, porque en sus inicios fue hasta discriminada.  Pero a fuerza de perseverancia y sacrificio, se dio el gusto de ser protagonista de grandes partidos y va por mucho más. 


La árbitro, que vive un gran momento pese al parate por la pandemia del coronavirus, habló con Nuevo Diario de sus inicios, su presente y por supuesto, contó cómo es el día a día siendo mamá de Jonás.


—¿Cómo fueron tus inicios en el arbitraje? 
—En realidad, mis inicios en el mundo del fútbol fueron como jugadora. Siempre cuento mis anécdotas, era arquera y una vez me hice gol sola (risas). Después de ello, fui a la Liga Santiagueña para hablar con un instructor (Jorge Miculka), le pregunté sobre la jugada y mencionó que la decisión del árbitro era correcta. Pero mi error, fue ingresar al arco a buscar la gorra, con la pelota en mano, entonces, era gol. Así fueron mis primeros pasos. La carrera en el arbitraje la comencé en 2000, con una camada linda e importante. En mi promoción estaban Rodrigo y Mariano Rivero. En los cursos, era la que más preguntaba y participaba. La mayoría lo tomaba como que no iba a llegar a ningún lado, pero el profe Miculka me invitaba a ver los partidos, me enseñaba mucho.  


—¿Costó mucho llegar?
—Sí, la verdad que me costó. Sobre todo en 2002. La mentalidad del santiagueño era diferente a la de ahora. En la actualidad, no es tanto y pocos aceptan a una mujer en el arbitraje. Me costó mucho porque la tuve que pelear, enfrentarme en varias situaciones, hasta con algunos directivos para que me incluyan. Me pasó que me digan que iba a estar en un partido, pero como árbitro asistente. Lo aceptaba y todo era estar y no bajar los brazos. Lo más doloroso que pasé fue tener que ir a Añatuya para dirigir partidos de primera y realizar un curso nacional. Y como se dice, el sacrificio tiene su recompensa y me recibí como árbitro nacional, dirigiendo encuentros de primera en Añatuya. Una vez que me recibí y regresé a Santiago, me incorporaron nuevamente como asistente. Cuando rendí la prueba de la tabla de méritos, dirigí mi primer juego en el Federal C y ahí me consideraron como juez de primera en la Liga Santiagueña. Todo era pelearla entre el ambiente futbolístico que le costaba que una mujer pueda dirigir y hasta con algunos colegas. No aceptaban que venga de otro lado. Si yo me quedaba en Santiago, me iba a costar todo el doble y ya estaba en una edad límite. Es totalmente diferente ahora, porque al tener dos años en la Liga Santiagueña, te mandan a un curso nacional. Yo tuve que pasar por muchas situaciones feas y las tuve que superar. En los entrenamientos se burlaban de mí, me decían de todo y la pasé mal. Es más, un presidente del colegio de árbitros me discriminó en su momento al decir que las mujeres solo existen para lavar los platos y fue feo escuchar eso. Fui denigrada en muchos aspectos y por eso me costó todo. Jamás bajé los brazos y pude llegar. Ahora estoy con la frente en alto y puedo decir que para llegar, nadie me regaló nada. Lo tuve que demostrar en una cancha, pude estar a la altura y así lo fue.  Por ello considero que mis inicios fueron diferentes, me costó hasta porque sufrí agresiones dirigiendo un partido de Primera B. Ahora la dirigencia ha cambiado, tienen otros pensamientos. Desde que llegó Pablo Toviggino, le dio más oportunidades a las mujeres y eso es muy importante. Gracias a él, hay más chicas en la Liga Santiagueña. Todas tenemos un respaldo y acompañamiento importante en la actualidad. Hoy todos somos iguales.


—¿Cómo y cuándo fue tu primer partido?
—Siempre lo recuerdo. Fue en cancha de Güemes, dirigiendo octava y novena división de las inferiores, un sábado 26 de abril de 2003. Ese día fue mi debut como árbitro de la Liga Santiagueña y en las formativas. En tanto que mi primer juego en la primera división, fue en 2010, cuando ya había dirigido Argentino C en Colonia Dora.


—¿Tu relación con los jugadores cómo es?
—Antes era complicado. Por el hecho de ser mujer quizás pensaban que podían dominarme en el campo de juego, pero siempre tuve mi carácter. Aunque eso llevó su tiempo. Hoy en día, puedo decir que los jugadores me conocen ya que estuve en cotejos de Federal B, Federal C, Copa Argentina. Saben cómo soy y mi carácter. Son muy respetuosos conmigo. Trato de hacer sentido común y ponerme en lugar de ellos cuando están en ritmo de partido. Mientras no me falten el respeto, me parece perfecto. Uno por ahí trata de hablar a los jugadores cuando están un tanto nerviosos. Son mis formas de dirigir un partido. Los años, la experiencia, te hacen ser buena en el arbitraje. El secreto es el respeto hacia el otro. Si una quiere respeto, hay que respetar a los demás. Es más, siempre llegué a los estadios y saludo a todos. Nunca salí del club con la policía y eso me encanta, más allá de haber tenido algunos errores. La disciplina y el respeto, es fundamental para el éxito.


—¿Se extraña estar dentro de un campo de juego en estos tiempos?
—Se extraña muchísimo. El año pasado, hasta diciembre, tuvimos partidos oficiales y de amateur. Al terminar los juegos de amateur, compartíamos los tercer tiempo. Además de dirigir los sábados, también jugaba con amigas que son las pioneras del fútbol femenino. Son chicas que dieron sus primeros pasos en Santiago y tenemos un grupo muy lindo. Nos juntamos siempre. De pronto, que nada de eso suceda y estar encerrados en tu casa, es feo. Ahora hay que estar pendiente de un horario y una se ahoga. No es lo mismo entrenar en un polideportivo que en el fondo de tu casa y sola. Es todo diferente. Pero para mantenerse, hay que seguir entrenando y sacar de donde sea fuerzas para hacerlo. Ojalá que esta pandemia se termine rápido para que podamos juntarnos y abrazarnos. Extraño mucho los partidos, las tribunas, la hinchada, el periodismo y ver qué pasó en los diarios. Es triste todo esto.


—¿Cómo es tu día a día llevando a cabo la profesión del arbitraje y por supuesto la de ser mamá?
—El ser madre es levantarse temprano, desayunar, despertarlo a mi hijo Jonás, conversar. Es algo que siempre agradezco a Dios, el hecho de tener un hijo. Es lindo sentir que hay alguien por quien luchar en el día a día. Uno siempre le quiere dar el ejemplo a un hijo de ser respetuoso. Eso es el éxito de una persona. Lo ayudo siempre y solo me toca trabajar un día a la semana por la pandemia (trabaja en el Consejo de Educación). Cocino, lavo los platos, hago todas las tareas de la casa, ayudo a mi hijo con las tareas del jardín y doy clases de arbitraje (instructora). Eso es hoy en día mi rutina. Me siento muy acompañada con mi hijo, está siempre en los partidos y ahora que es un poco más grandecito, entiende un poco más. Quiero que sea una persona excelente y exitosa, por eso digo que debe tener disciplina. 


—¿Para vos, qué significa ser madre?
—Para mí ser mamá es todo. Ha cambiado mi vida, mis tiempos, mis formas de pensar. Antes de ser madre, mi pasión eran los entrenamientos y los gimnasios. De pronto, apareció una personita que te cambia en todo.  De repente, de encontrarte sola, una se encuentra cambiando pañales, preparando la leche, cuidándolo y llevándolo al pediatra. Yo lloraba más que él cuando le ponían las vacunas siendo bebé y ahora se duerme menos (risas). Mi mamá sabía decirme que el día que sea madre, ya no iba a dormir demasiado ya que cuando tu hijo es bebé, hay que despertarse a cada rato por diferentes circunstancias y cuando sea grande, quizás no dormiré porque va a salir. Considero que Jonás me ha cambiado la vida, es la persona que más amo, es mi compañero de canchas y en la vida. Eso me hace feliz. Además, lo acompaño siempre a la escuelita de fútbol (Los Galguitos). El acompañamiento es mutuo. Ser mamá me cambió todo, aunque también puedo hacer varias cosas, cuidar a mi hijo, estar en el trabajo y dedicarme al arbitraje. Las mujeres podemos hacer de todo. Es lindo el rol de madre. Cuando escucho decir a algunas mujeres que no pueden hacer tal cosa al tener un hijo, no es así. Al contrario, hay que luchar por lo que a una le gusta para que el hijo tenga ese reflejo y pueda ser su ejemplo. Quiero saludar a todas las mamás en este día especial.

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