Favaloro: el legado que se agiganta con los años
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Favaloro: el legado que se agiganta con los años

A 97 años del nacimiento del médico argentino, inventor del bypass coronario, que revolucionó la medicina mundial
12/07/2020

René Gerónimo Favaloro nació el 12 de julio de 1923 en el barrio El Mondongo, de La Plata, en una familia humilde. Cursó la primaria en la escuela de su barrio y luego ingresó al importante Colegio Nacional de La Plata. En esa misma ciudad seguiría la carrera de medicina, y volvería al barrio de su infancia para hacer la residencia en el hospital Policlínico.

El médico rural


A lo largo de su destacada carrera universitaria conoció a algunos de sus mentores, como el Dr. Federico E. B. Christmann, quien afirmaba que para ser un buen cirujano era necesario ser un buen carpintero, aludiendo de esta forma al carácter paciente y artesanal de la labor médica. Al concluir su residencia, en 1949, consideró ingresar al Policlínico para cubrir un cargo vacante.
Sin embargo, diferencias ideológicas con las autoridades sanitarias le impidieron aceptar el cargo. En cambio, decidió aceptar la invitación de un tío residente en la localidad de Jacinto Aráuz, un pueblo pampeano de 3.500 habitantes, para trabajar como médico rural.
Su llegada, en 1950, revolucionó la zona. Se trataba de un médico joven y talentoso que se preocupaba integralmente por sus pacientes, a quienes no veía como meros casos clínicos individuales, sino como personas dignas y complejas que participaban de una comunidad.
Al poco tiempo se le unió su hermano, Juan José, y juntos modernizaron el centro asistencial con una serie de logros inéditos en la provincia: redujeron las infecciones en los partos, la mortalidad infantil y la desnutrición; organizaron un banco de sangre y un padrón de donantes voluntarios, y recorrieron los castigados caminos rurales atendiendo pacientes de todas las edades y condiciones sociales.
Años más tarde recordaría esta época diciendo que el quehacer médico “debe estar rodeado de dignidad, igualdad, piedad cristiana, sacrificio, abnegación y renunciamiento”.


El viaje a Estados Unidos y la revolución cardiológica

Aunque su tarea rural era suficiente para agotar a cualquiera, Favaloro encontraba tiempo para viajar periódicamente a La Plata y enterarse de los últimos avances en cirugía torácica. En 1962, con un inglés rudimentario y los ahorros de su corta vida, viajó a la Cleveland Clinic para sumarse como residente al equipo de vanguardia que trabajaba allí.
Lo que planeaba sería una breve estancia de formación se convirtió en una exitosa carrera de diez años. En mayo de 1967 realizó el primer bypass coronario usando la vena safena: empleó una vena tomada de una pierna del paciente para rodear una obstrucción de las arterias del corazón. De este modo, la irrigación se restablecía por completo y la vida del paciente cambiaba de manera radical. Este revolucionario procedimiento salva hoy, cincuenta años más tarde, entre 600.000 y 700.000 vidas solo en Estados Unidos.
Allí desarrolló también instrumentos novedosos para la cirugía coronaria, que son hoy parte del instrumental quirúrgico obligado en los quirófanos de todo el mundo. Aunque pudo haber hecho una fortuna al patentar sus inventos y procedimientos, siempre se negó a hacerlo, convencido de que la medicina debía estar al servicio de todos. Parte de estas convicciones son las que, en 1971, lo trajeron de vuelta a Argentina, abandonando una sólida y conveniente carrera profesional en Estados Unidos.


La Fundación Favaloro y la medicina social

Favaloro volvió a nuestro país con el objetivo de crear un centro de atención, investigación y educación de nivel internacional especializado en cardiología. La reconocida Fundación Favaloro se creó en 1975 y rápidamente creció y se expandió hasta el nacimiento, en 1998, de la Universidad Favaloro, que incluye en la actualidad una Facultad de Ciencias Médicas y otra de Ingeniería, Ciencias Exactas y Naturales.
Desde la Fundación y el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular realizó una labor sin precedentes en estrecha vinculación con la vida social, política y cultural de nuestro país, brindando servicios de alta complejidad con un equipo de profesionales de primer nivel a todo aquel que lo necesitara.
Esta tarea desinteresada, al servicio del otro y sin fines de lucro, llevó a la Fundación a una crisis sin precedentes. El PAMI había suspendido los pagos a la Fundación, pero Favaloro se negó a dejar a sus afiliados sin atención médica. Esta situación se tornó económicamente inviable y, hundido en la depresión, se suicidó de un disparo al corazón el 29 de julio de 2000.
Sobre su escritorio había dejado una carta dirigida al entonces presidente Fernando de la Rúa, en la que decía: “Me aconsejaban que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’: sí, a los ‘retornos’ (…) En este momento, a esta edad, terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros, me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer”.
Su legado al día de hoy es inconmensurable.

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