Le prometieron ayuda a una niña que vende limones en un semáforo para pagar su viaje de egresados
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Le prometieron ayuda a una niña que vende limones en un semáforo para pagar su viaje de egresados

Previsto para el 21 de noviembre, el viaje es a un complejo turístico de la ciudad de Jardín América, donde los chicos disfrutarán de un entorno natural y varios juegos.
08/11/2019

Daiana Mendoza, la nena que vende limones en un semáforo de Posadas, Misiones, para juntar dinero para su viaje de egresados, podrá cumplir su sueño junto a todos sus compañeros por la solidaridad de decenas de personas que se sensibilizaron con su historia y prometieron realizar un aporte.

El viaje, previsto para el 21 de noviembre, es a un complejo turístico de la ciudad de Jardín América, donde los chicos disfrutarán de un entorno natural y varios juegos.

La historia que parece encaminarse a un final feliz, apareció un trago amargo para la familia de Daiana: dos trabajadores sociales del Ministerio de Desarrollo Social de Misiones visitaron a Raquel, su mamá, para advertirle que podrían quitarle la tenencia de sus hijos si no impedía que vendan limones en los semáforos

La maestra de séptimo grado de la Escuela 887, Carmen Garbacz, contó: “Desde la Legislatura nos prometieron el colectivo para el viaje, pero nos falta juntar el dinero para la entrada y pagar los juegos, que son opcionales en ese lugar. Como los padres no pueden abonar los 300 pesos que sale comer en el complejo turístico, pedimos permiso para hacer algunos choripanes y abaratar costos”.

“Dos personas ya se acercaron para costear el viaje de varios chicos, pero todavía no logramos conseguir [el dinero necesario] para todos. Un hombre llegó a la escuela y estaba por pagar para cuatro y finalmente abonó por diez alumnos, así que estamos felices con la solidaridad de todos”.

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La escuela a la que asiste Daiana está en El Porvenir II, en las afueras de Posadas. Ese humilde barrio se formó a partir de la relocalización de los ladrilleros que estaban asentados en la costa del río Paraná y debieron ser trasladados por el llenado del embalse de Yacyretá.

En este lugar —está a 20 kilómetros del centro de la ciudad— la señal de telefonía celular es tan escasa como los pobladores con empleo estable. La mayoría subsiste aun fabricando artesanalmente ladrillos, otros realizan changas, y no son pocas las familias que encontraron en la venta callejera de limones una forma de llevar algo a la mesa familiar, relata Clarín.

Daiana no sale de su asombro por la repercusión que tuvo el cartel que armó una noche con su hermana. Alli pedía una colaboración para su viaje de egresados mientras ofrecía las bolsitas con limones en un semáforo próximo al centro de Posadas.

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Sonríe y asegura frente a su humilde casa de tablas: “Me sorprendió la gente que quiere ayudarnos, nunca creí que podían ser tantos”. Varias personas ya la llamaron a mi mamá para decirle que me van a comprar las zapatillas y una mochila”.

“Nosotros queremos ir todos juntos, pero casi nadie puede pagar”, dice mientras mira a su amiga, también de nombre Daiana, una de las que todavía no pudo confirmar que será parte del soñado viaje.

Garbacz entorna los ojos y sonríe cuando se le pregunta por Daiana. “Es muy chispita, amorosa, servicial, pero a veces se distrae un poco en clases. Su mamá siempre viene a preguntar cómo les va a sus hijos, es una familia muy comprometida con la educación”, detalló la docente

“Es cierto que no es mucho el dinero que tienen que juntar, pero la gente de esta zona es muy humilde y muchas veces no les alcanza para comer”, explicó Garbacz.

La electa diputada santafesina Amalia Granata se mostró interesada en canalizar ayuda y así cubrir los gastos de los chicos que todavía no abonaron el viaje. También hubo contactos desde Rosario y desde Buenos Aires, todos dispuestos a darle una mano a Daiana y a sus compañeros.

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En los últimos meses, el comedor de la Escuela 887 dejó de funcionar por la falta de insumos y ahora el mate cocido llega a las mesas sin leche y con una porción de pan cada vez más chica. “A veces se pelean por un pedazo de pan”, admiten los maestros.

En la escuela hubo una época en que había un kiosco, pero los sucesivos robos hicieron que desapareciera. Igual que las netbooks, que tanta alegría llevaban a los alumnos. “Se llevaron el microscopio, elementos del laboratorio... y la última vez entraron, rompieron todas las puertas y se fueron sin llevarse nada”, cuentan resignadas las maestras.

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