“Juancito”, el hombre que hizo  su “casa” dentro de una cueva
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“Juancito”, el hombre que hizo su “casa” dentro de una cueva

Tiene unos 30 años y vive a cuatro cuadras del centro. Es artesano y changarín
09/11/2018

Una lectora de Nuevo Diario Web se comunicó a través del WhatsApp de las noticias para comentar lo que toda una ciudad sabe: “Un hombre en Campo Gallo vive dentro de una cueva”.
Asegura que se llama Juan Cazasola, tiene unos 30 años, y que —a punta de pala y con un balde— construyó su “casa” debajo de la superficie de un terreno.
“Echaba agua, cavaba y sacaba la tierra en baldes”, asegura que comentan en el pueblo.
Trabajó días y días incansablemente para dar forma a la que hoy es su “vivienda”, en el término más primigenio del hábitat humano: las cavernas.
Narran los vecinos que vive a cuatro cuadras del centro de Campo Gallo. Todos los conocen por el afectivo apelativo de “Juancito”.
De oficio changarín —para llevar el pan a la rústica mesa a la que se sienta todos los días solo— y artesano de alma, recorre las calles de la ciudad que lo vio dar sus primeros pasos ofreciendo los productos que elabora con sus manos con madera del monte santiagueño.
Dicen quienes lo conocen que es soltero y tiene familia. Su madre y sus hermanos viven en la ciudad, pero él tomó la decisión de “mudarse” al subsuelo de Campo Gallo una vez muerto su padre, con quien convivía, hace aproximadamente cuatro años.
Tras el dolor por la partida, desapareció.


Muchos creyeron que se había mudado a otra provincia, hasta que se lo volvió a ver tiempo después de haber sido el arquitecto de la caverna que construyó en silencio.
No le es indiferente a la mirada de nadie en una ciudad pequeña como Campo Gallo.
Nadie sabe por qué tomó la decisión de vivir subterráneamente. Lo cierto es que es impactante ver las imágenes de lo que fue capaz de construir en un terreno que pertenece a su madre, en el barrio Obras.
Según comentan, no pidió ni pide ayuda.
La Municipalidad le ofreció un trabajo y vivienda, pero él se negó.
Vive de lo que sus manos y su espíritu creativo son capaces de generar y ha prescindido del mundano ruido de la ciudad.
El silencio de “Juancito” es el misterio profundo que lo protege frente a la mirada de los demás, en tiempos en los que es más cómodo prejuzgar que comprender.


Tal como revela una de las fotografías, un perro y un gato custodian la chapa que oficia de “portón”: debajo, las largas escalinatas de tierra que desembocan en el acceso a la rusticidad de un “universo” con nombre propio, difícil de entender desde los parámetros de la “normalidad” que dictan los cánones sociales.
Lo real es que un hombre de 30 años y su “caverna”, a pocas cuadras del pavimento y el alumbrado público, es noticia; mientras la vida discurre indiferente y caen las hojas del calendario aceleradamente, en contraste irrefutable con la parsimonia de la primitiva elección de quien se transformó en el sensible e irreductible apelativo del changarín y artesano: Tan solo “Juancito”.

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