De dormir en una camioneta a empresario de empanadas
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De dormir en una camioneta a empresario de empanadas

Se trata del loretano Guillermo Suárez, quien en la crisis del 2001 se fue a Córdoba, donde comenzó a elaborar con materia prima que le regalaban. El Multimedio publicó su historia el pasado 1 de abril y hoy la recordamos.
11/07/2018

La historia de una familia santiagueña como tantas otras, que luchando, viajó con su hornito de barro en un carro y dormía en una estación de servicios, hoy parece ser de un cuento, ya que 17 años después de aquel inicio, produce 2.700 docenas de empanadas diarias, pizzas y comidas criollas congeladas.

Guillermo Suárez, nacido en Loreto, trabajó como representante de una marca francesa en el norte del país hasta 1998. Ese año, después de regresar de un viaje, descubrió el robo de un empleado, la situación le provocó una depresión, cerró su empresa con sede central en Tucumán y se volvió a su pueblo.

“Creí que iba a tener apoyo, gente cerca; pero cuando estás bien todos parecen más amables -cuenta a La Nación-. Las cosas no salieron como pensaba y no teníamos un centavo. Con la crisis del 2001 decidimos ir a ver qué pasaba en Córdoba”. Ya en la vecina provincia, “un día le dije a mi mujer: pensemos en hacer algo con agua y harina, que son baratas”, cuenta al diario La Nación.

Cuando llegaron a Córdoba, la primera semana, su esposa y su hijo Franco durmieron en un colchón atrás de la camioneta y Suárez en el asiento del acompañante para que “no se clavara el volante en el cuerpo”. Paraban en una estación de servicio para descansar.

El inicio

Con plata prestada compraron cinco kilos de carne, harina, cebolla y empezaron a cocinar la carbonada; la olla era nueva, no la habían “curado” y la comida se arruinó. Otra vez la odisea; un conocido carnicero le dio carne y le volvió a financiar el resto de los ingredientes.

Mientras horneaban en la calle -donde estaba el carrito-, Suárez se fue a un telecentro y llamó a dos canales de televisión y a una radio de Córdoba. “Me hice pasar por un vecino; ‘vengan, hay una familia santiagueña haciendo empanadas en un hornito de barro muy pintoresco, están regalando’”.

La estrategia funcionó. De las 25 docenas que hicieron, regalaron cinco y vendieron, a $6 el resto. El hornito santiagueño -como, finalmente, terminó llamándose el emprendimiento- tiene hoy cinco locales propios, 62 franquicias en diferentes provincias, una planta de 2000 metros cuadrados y tres camiones cámara para repartir, y emplea a 45 personas.
Con un socio cordobés que tiene una fábrica de pan en Miami y una cartera de 1.000 clientes están montando una planta para producir discos de empanada en esa ciudad; desde California tienen un pedido para instalar la fábrica. “Lo estamos viendo; hay que estudiarlo porque quieren hacer nuestras comidas”, dice Suárez.
¿Cuál es el secreto de la empanada? “Grasa de campo (criolla) para la masa y cebollas crudas que están en agua toda la noche para que pierdan ácido. Las cocinamos igual que en la casa de Loreto”.

El hornito de barro que llegó a Córdoba tirado del auto sigue estacionado en la puerta de un local. Los Suárez dicen que lo llevarán a la casa que compren para ellos.

Esta es la tapa de Nuevo Diario del domingo 1 de abril en la que se conoció la increíble historia

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