Tercer semestre: No es la economía, falló la teoría
Hoy se impone la “agenda de la gente” como agenda de gobierno

Tercer semestre: No es la economía, falló la teoría

Alejandro Sehtman & Pablo Touzon Revista Panamá
30/12/2016

El viento de la poética sentencia de Séneca podría ser remplazado hoy por la figura, mucho menos alegórica, del Ministro de Economía. La salida de Prat Gay no debe ser leída en términos de una sorda lucha entre halcones (ortodoxos) y palomas (gradualistas) al interior del gabinete. La “otra” interna, que enfrentaría al ala duranbarbista/marcospeñista (que hace foco en el humor social) con el ala frigerista/monzoista (atenta a la negociación con los actores políticos), tampoco provee una clave de lectura válida. Ni para este episodio ni para ningún otro.


La actual coyuntura del poder ejecutivo debe ser leída principalmente como el resultado de la ausencia de rumbo claro del gobierno de Mauricio Macri. Como si fuera un misil norcoreano, el gabinete cayó al agua luego de un lanzamiento espectacular marcado por la salida del cepo, la quita de las retenciones, el arreglo con los buitres y el sinceramiento del tipo de cambio. Y una vez allí, en el agua todavía calma pero profunda del treintaypico por ciento de pobreza, cuarenta por ciento de inflación y la falta de inversiones, el gobierno no supo, no quiso, no pudo, construir rumbos alternativos al de la fracasada salida sciolista (inversiones+deuda=baja de la inflación+crecimiento) planteada en un principio.


Tanto durante como después de la campaña, el apego de Scioli al liderazgo de Cristina le permitió a Macri extender su hegemonía hacia el centro del espectro político dando muestras de que no se proponía desactivar de manera explícita las políticas de protección social ni realizar un ajuste fiscal ni monetario profundo. Este aparente autocontrol del instinto ajustador del macrismo pareció configurar una tensión entre quienes querían un shock de ortodoxia y quienes querían una vuelta gradual a las variables macroeconómicas aceptables para los mercados de crédito y de inversiones directas.


Sin embargo, lo que atraviesa al gobierno no es una tensión entre dos políticas sino una falta de voluntad para implementar cualquiera de ellas, lo que produce una serie de señales contradictorias cuya dinámica Napoleón sintetizó brillantemente: orden, contraorden, desorden. Esto emana del credo del gobierno, en su sentido más fundamental. Criado y desarrollado en alteridad radical al kirchnerismo, el macrismo se quiso o se entendió a sí mismo siempre como un reflejo de la sociedad. Contra el jacobinismo sectario del cristinismo mirándose durante horas al espejo, el nuevo gobierno se dedicaría no ya a avanzar una agenda propia, sino a representar. Muertos los liderazgos machos alfa, solo quedaría escuchar a la sociedad, timbrearla, focus grupearla, en fin, gobernar “juntos”.


La agenda de ¨la gente¨ como agenda de gobierno. Un curioso y menos tecnológico Partido de la Red que terceriza la responsabilidad política: si el gobierno no funciona, será culpa de la misma sociedad imposible, de la Argentina populista. Contra esta lógica se levanta esporádicamente la voz del sindicato de políticos del PRO (un mix de criados en el peronismo como Monzó, de emigrados radicales como Lombardi y de técnicos con asignación de tareas políticas como Frigerio). Esta voz está presente desde los orígenes mismos del macrismo, desde la disputa porteña legislativa entre los ¨Festilindos¨ amarillos puros y el ¨Grupo Nogaró¨ de los políticos compañeros de ruta, en adelante.


Una lectura global del año indica que todos los actores políticos de la oposición fueron racionales (en términos de medios y fines y de adaptabilidad al contexto) en sus propios términos: lo fue el Evita, lo fue la CGT, lo fue Massa, lo fue el peronismo parlamentario, lo fue el peronismo de los gobernadores, lo fue el kirchnerismo. El gobierno tuvo efectividad para lograr mayorías legislativas pero también tuvo que ceder terreno ante cada uno de los exponentes de una oposición en permanente reconfiguración política y social.


El 2016 cierra con sensación de 0 a 0 y con la tribuna en estado de impaciencia creciente. La ausencia de rumbo gubernamental obligó a los opositores a ser propositivos más que obstaculizadores: los reveses legislativos del gobierno no fueron tanto sobre iniciativas propias sino sobre iniciativas ajenas. La Doble Indemnización, la Emergencia Social y Ganancias valen como ejemplo de que el Ejecutivo no tenía ninguna idea-fuerza para abordar una cuestión social que él mismo definía como grave que no fuera la continuidad de los mecanismos previos y el “crecimiento”. Cuando se interpelaba a los sciolistas durante el ya lejano 2015 sobre cómo harían para imponerse en el Gobierno en el marco de la interna que tenían con el cristinismo, surgía un mantra: Daniel para la gobernabilidad tiene el guitaducto. Durante la campaña proliferaron en su campamento los ministerios futuros. La izquierda solía sostener, corriendo por ídem al kirchnerismo: “Scioli es Macri”. Es curioso cómo se dieron las cosas en este 2016: al final, Macri resultó ser Scioli.

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