Cómo refundar el país: “La Campaña del Amor 1ª parte”
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Cómo refundar el país: “La Campaña del Amor 1ª parte”

Análisis a futuro del escenario económico

Bandeño. Director General de Estadística y Censos de la provincia de Santiago del Estero. Economista de Conciencia y ... (+ Info)

25/03/2019

Esta columna iba a ser una transcripción literal de la editorial de Roberto Navarro (del 21/03 titulada “¿Nosotros ‘Vamos a Volver’?”, se recomienda, no tiene desperdicio), pero era “muy política para un economista”. Y aunque todo en la vida de una sociedad, y más aún en la economía, es política, vamos a suavizarla un poco.
En alguna oportunidad, aquí escribimos que después del desastre económico que iba a dejar este Gobierno, como una verdadera pesada herencia, sería muy difícil remontar la recuperación. Que no había otra salida que reestructurar la deuda externa y un cambio de eje de alianzas internacionales con China y Rusia. No se asusten los “libertarios” porque ya tenemos inversiones chinas y ya tenemos yuanes en las reservas del Banco Central. Además de la invasión de productos chinos de todo tamaño y color que nos trajo “su inserción en el mundo”.
A esta gran limitante, una deuda externa casi infranqueable, tenemos que agregarle los poderes fácticos locales. Poderes que pueden hacer imposible gestionar a un gobierno popular. Desde la crisis de la 125 allá por 2008, tenemos muestras probadas de sobra del poder de desestabilización que estos tienen. Grandes empresarios, que hoy son más grandes, las energéticas, las petroleras, el “campo”, los bancos o los medios de comunicación. Pueden hacernos la vida imposible, pueden hacernos fracasar y entonces puede que el pueblo nuevamente vaya para el otro lado.

No importa a quién votaste. La Campaña del perdón


A pesar de todos los arrepentidos que haya de haber votado un gobierno que los llevó a esta lamentable situación económica, a costa del enriquecimiento de esos pocos, se entiende que para otros sea difícil reconocer el error. Que no nos importe. Están disculpados. Ya pasó. El 90% de los argentinos tenemos que procurar la felicidad de esa gran mayoría. La clase media y de escaso recurso debemos procurar nuestro propio bienestar, no hacerle el caldo gordo a los que nos exprimen.
El pueblo tiene que poder tener una propuesta distinta. Ser feliz, vivir mejor, de manera sustentable, de manera sólida, de manera evidente. Hay que ir a buscar a los desencantados y seducirlos. Hay que decirles la verdad, como siempre lo hicimos. Después hay que gobernar. Queremos un equipo de gobierno con cuadros nuevos, frescos, en buen estado, jóvenes, expertos, honestos, limpios. Ellos tienen que llevarle las ideas a la presidenta o presidente popular. Ser el apoyo, estar en un nuevo gobierno. Hay mucha gente que mostró resistencia al Neoliberalismo. Hay tantos buenos, brillantes, con energía, con ganas de hacer, con ganas de cambiar el mundo, con ganas de cambiar el país. Vayamos a buscarlos y que la gente sepa que el equipo viene con nuevas ideas. Que vengan los que nunca estuvieron. Porque hay muchas cosas por hacer. No nos pongamos en el lugar de la desilusión porque no es cierto que el país esté fundido. Un país tan rico como el nuestro no se destruye tan fácil. La mitad de las máquinas de las empresas están sin usar. Pues usémoslas. No tenemos que ni siquiera ir a comprar las máquinas. No necesitamos plata para eso, están ahí.
Para eso hace falta Consumo. Hay que consumir para que esas máquinas se pongan a producir. Las empresas están fundidas para aumentar sueldos, es cierto. Entonces, bajemos los precios. Crezcamos por distribución. Porque el PBI per cápita, cuando terminen Macri, Vidal y Larreta, habrá caído un 10%. Pero lo peor que pasó fue la concentración. Entonces, desconcentremos. Si desconcentramos vamos a tener todos un poquito más y así podremos crecer. Incluso los empresarios. En segundo término, armemos toda una cadena para que los alimentos cuesten más barato. En un país donde se puede producir alimentos para 10 veces más de las personas que tiene, NO PUEDE SER que 40 millones de argentinos no puedan alimentarse. Hay una cadena ahí: materia prima, fabricación y distribución.
Materia Prima: si solo necesitamos el 10% de lo que producimos, que eso sea un cupo que quede aquí en el país y que se venda a un precio diferencial. Que lo compre el Estado, como lo hace Canadá y en Australia. No es comunismo. Es Capitalismo serio, con un Estado que interviene. Entonces ya partimos con materias primas más baratas. Por qué tenemos que pagar el trigo lo que cuesta en Chicago. ¡Qué nos importa lo que cueste en Chicago! El otro 90% sí, lo exportemos al precio de Chicago y que los productores agropecuario se hagan millonarios porque son muy competitivos, invierten y están en la frontera tecnológica. Pero que dejen ese 10% aquí.
En el segundo eslabón, no puede ser que tengamos dos tipos que produzcan aceite, dos tipos que produzcan harina, dos tipos que produzcan lácteos…no, no, no… Tenemos que tener más. O tenemos que tener empresas que tengan precio testigo. Y que las tenga el Estado. Y que el Estado tenga 20, 30 o 40 empresas que convivan con Molinos, Unilever, con Arcor. Pero hay una empresa que ya compró ese 10% de materia prima que quedó como cupo aquí que es del Estado y que va a fabricar un aceite tan bueno como El Cocinero, pero que no te va a cobrar el precio “marca”. Que va a costar mucho menos. Y entonces El Cocinero va a tener que costar más barato para poder competir con eso. ¿Y eso se hace en otro país del mundo? Claro que sí. En Francia, por ejemplo.
Que venga un ministro que le muestre a la gente lo que hacen los ingleses, los franceses, esto hacen los alemanes, y no son comunistas. Son capitalistas pero serios, no capitalistas de pillaje, como aquí.
Y en el tercer eslabón hay que desconcentrar la comercialización. O somos los boludos que le compramos a Carrefour y Carrefour les compra a los productores franceses ¿y a las ganancias que hace con los consumidores argentinos se las llevan a Francia? Pongamos sucursales del Mercado Central. Había un plan de Kicillof de poner 442 sucursales del Mercado Central en todo el país. Entonces tenemos la materia prima, tenemos un precio testigo por nuestras empresas que fabrican esos productos y tenemos la comercialización. ¿Y cuánto pueden bajar los alimentos de esta forma? Algunos un 60%, otros 50%, otros 40%. Cuánta plata quedaría en el bolsillo si uno gastara tanto menos en alimento. Y a esa plata la destinaríamos a comprar otros bienes, a consumir otros servicios y entonces habría otras personas de otras cadenas productivas y de servicio que tendrían trabajo además de que compraríamos más alimento. Con más puestos de trabajo crecerían las empresas, que pagarían más impuestos y entonces iríamos hacia un superávit fiscal o a disminuir el déficit. Así podríamos pensar en pagar algo de la deuda que tenemos.
Para pensar esto no hay que ser ningún genio. Es más sentido común y observar qué hacen los países serios. Y claro, mucho amor y voluntad de que todos estemos mejor.

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