Cuando hablamos de armonía nos imaginamos un lugar tranquilo, libre de presiones, de estrés y quizás hasta alejado de toda sociedad. Sin embargo, debemos poder referirnos a la armonía social, debemos aprender a construir esa armonía cada día y en todos los rincones de la sociedad. Para ir logrando, aunque sea, pequeñas metas, es importante saber cuáles son los tipos de violencia que existen, de modo que desde el hogar hasta la escuela y pasando por una gran variabilidad de situaciones, los adultos estén preparados para prevenir, si es posible, o para contener o corregir hechos, actitudes, etc. de violencia, ya que ésta no reside únicamente en la aparición de los golpes.
De hecho, existen muchísimas variantes de entornos violentos, tantos como circunstancias suceden; una mirada, un gesto, una palabras dicha inoportunamente pueden tenderse agresivos y generar acciones lamentables. Es decir, los adultos deberían tener en cuenta hasta el detalle más pequeño durante el proceso de crianza y educación de los menores. Puesto que el niño aprende por imitación, son el padre, la madre y el docente quienes han de enfrentarse al espejo y evaluar qué cosa están enseñando a sus menores y qué cosa de ello es lo que despierta, en algún momento, las explosiones de violencia. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente que dichas estampidas no surgen por motivos misteriosos, sino por causas desconocidas que es indispensable investigar; causas que tienen que ver con la vida cotidiana, con la disfuncionalidad de las familias, con la falta de autoridad de los padres-o con el autoritarismo-, también, con la discriminación y el resentimiento que ésta crea, con el trato del adulto y la competitividad, que muchas actitudes de los mayores, forja entre pares…; en realidad, las causas de toda violencia tienen relación directa, en el fondo, con algún dolor o angustia que guarda el niño o el joven.
Familia
Es casi una redundancia social y pedagógica decir que la familia desempeña un rol esencial en el desarrollo de las capacidades emocionales del niño. De hecho, todo lo que vive, mira, siente, percibe en el hogar, el niño internaliza de manera permanente; podrá adecuarse a las diversas situaciones que le toca enfrentar, pero lo aprendido en casa será por siempre el colchón sobre el cual se apoyará el resto de su vida. Dicho esto, la importancia del funcionamiento de la familia queda al descubierto.
Es común escuchar y entender la expresión de índole sicológica: "familia disfuncional" que, traducida significa e implica la pregunta ¿qué le está pasando a la familia? La familia no está cumpliendo, con la prolijidad que debiera, sus funciones vinculadas con la educación de sus menores, sea por exceso de protección, cuyo resultado es la deficiencia en el rol social, sea por carencia de normas, cuyo resultado es el descontrol visto como algo normal. De una u otra forma, la familia está fallando.
Cada vez que un niño capta la falta de atención-lo cual sucede a menudo debido al tiempo que papás y mamás dedican a las urgencias-se llena de resentimientos, que no aparecen durante la "normalidad del día a día", pero que salen como la erupción de un volcán ante circunstancias que desbordan al menor. Este desbordamiento puede estar determinado por un sinnúmero de elementos o dispositivos que cada cual traslada a su realidad de diferentes maneras. Lo que importa es aquel fondo: la desatención, el aparente desamor.
Los límites
Otra redundancia: poner límites a los menores. Sin embargo, hay algo primordial que se debe tener en cuenta: no sirve poner límites con las palabras, si no se da el correspondiente ejemplo. Muy a pesar de muchos, el hijo toma el testimonio de quien es parte de su más pequeño entorno, es decir, de su familia. Entonces, si retamos al chico por una reacción inconveniente con la hermana, por ejemplo, y no sabemos nosotros mismos, como adultos, reaccionar sin violencia o agresión, ¿qué aprende el niño?
En síntesis, la violencia, que se proyecta cada vez más dentro de los muros de la escuela, tiene su origen en los hogares, en cada hogar, en el gesto, trato, palabra, modelo de cada uno de los miembros de las familias, lo cual entraña la más grande de las responsabilidades, que por naturaleza, no podemos negar.