Martín Palermo

Una vida sin límites y llena de travesuras

En el Baby, por ser alto y medio “duro” lo mandaron al arco.


sábado, 04 de febrero de 2012
Una vida sin límites y llena de travesuras

Martín nació en “El Instituto Médico Platense” el día 7 de noviembre del año 1973, bajo el signo de Escorpio. Creció en la “ciudad de las diagonales”. Hizo sus estudios en el colegio Sagrado Corazón de Jesús y terminó sus dos últimos años del secundario en la nocturna del Normal Benito Lynch.

Martín compartía su tiempo entre los estudios y el fútbol, entre la escuela y la cancha. Desde muy chiquito se vio fuertemente atraído por la pelota pero para nada por los libros. De todas maneras cumplió con la promesa que le había hecho a su papá, terminar el secundario. Siempre fue hiperactivo, muy revoltoso y desde chiquito un referente y un líder positivo.

Su hermano mayor era arquero en las inferiores de Estudiantes de La Plata, un día Martín lo fue a ver a un entrenamiento y como faltaba un jugador le preguntaron si quería jugar y él acepto. Luego lo probaron en lo que sería el Baby fútbol, también en el mismo club y quedó como arquero. En un torneo organizado por la Municipalidad, con tan sólo 6 añitos, ya había logrado su primer título, él junto a su equipo eran los campeones de ese torneo.

Alrededor de los 11 años iba seguido a ver a un amigo que jugaba en el club For Ever; él quería jugar ahí, pero tenía que esperar a que terminara el torneo, ficharse y hacer todos los trámites. Un día, ya terminado el torneo, llegó su gran posibilidad de comenzar a jugar. Lo que nunca imaginó fue que en uno de esos partidos estaría presente Daniel Epeloa, quien al observar su desplazamiento en el terreno de juego y llamándole mucho la atención de lo que veía, lo llevó a Estudiantes, para que el técnico “El Bocha” Flores lo probara en  las inferiores del club, para  jugar como delantero, ya que poseía cualidades para desempeñarse en ese puesto.

Ni bien comenzó su carrera se ganó su primer apodo, “El Loco”, por sus excentricidades, por su forma de ser tan rara, divertida, espontánea y fresca. Claro, a veces, se le pasaba un poco la mano en sus cargadas o actitudes y se ganaba tontamente la tarjeta roja, algún insulto o crítica, ya que  se tornaba ofensiva su actitud. Más de una vez provocó la ira de los hinchas y de los mismos jugadores rivales. Alto, rubio, dueño de una presencia intimidatoria, de una zurda potente, de una fuerza anímica que le permite salir siempre adelante, fresco, auténtico, tan diferente a los demás y con sus ocurrencias tan divertidas para algunos y tan criticadas para otros, comenzó paso a paso a construir una carrera maravillosa. Recordando sus inicios hacemos mención, a que un día un entrenador le dijo que sólo servía para cortar el pasto.

Muchos clubes, en aquellos tiempos, querían tenerlo entre sus jugadores, pero se disputaron su presencia, Boca y River. Finalmente ganó el primer club y Martín dejó a los “pinchas” para ir a vivir al pueblo boquense sin imaginar una vez más todo lo maravilloso que le sucedería. Fue convocado para integrar el equipo de la Selección Argentina y el 1 de julio del año 1999 marcó sus dos primeros goles lleno de ilusión.

En ese mismo año, llegó a su gol número 100 y sufrió una de las lesiones más graves de su carrera, que lo mantuvo alejado del fútbol durante 6 largos meses. Luego, ganó junto a sus compañeros “xeneizes”, la Copa Libertadores. Y marcó los dos goles decisivos, para darle a sus compañeros y a todo el pueblo boquense, la Copa Intercontinental, siendo considerado como el mejor jugador de ésta.

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