

La Radio de los
Santiagueños
Aquel año a Raúl se le ocurrió cantar. Con una guitarrita que armó de una tablita y cuerdas que el tío Juan iba tirando, cantaba a los gritos:
-Amor de los manzanares,
quiero volverte sa besar,
te voy buscando en las bardas,
te busco en el salitral.
Ese año que digo no hubo forma de hacerlo entender que no era “sa besar”. Porque ahí nomás retrucaba que así lo había oído en la radio. Como sabía que nos enfermaba sentir la canción, se nos aparecía a cada rato por cualquier parte y nos gritaba “quiero volverte sa besar”, poniendo la trucha así, como si nos tirara un beso. Y cuando entre todos lo perseguíamos para molerlo a golpes, se trepaba a una planta y desde arriba nos hacía burla. “¡Quiero volverlos sa besar!”, nos gritaba desde arriba. Y ya no había nada que hacerle porque se podía quedar horas allá arriba, insultándonos de la peor manera, riéndose a las carcajadas y lo que es peor, ¡cantando!
Otro año descubrió cómo era hablar por boca de otro.
-Como dijo don Eloy, me voy.Todo era “como dijo”. Tenía uno para cada conversación, para cada respuesta. Pero esa vez prometimos no decirle nada. ¿Para qué?, se iba a poner peor.
-¡Che!, vamos a jugar- le decíamos.
-Como dijo don Fede Ramos, vamos- respondía.
Capaz que parece una mentira lo que cuento, qué me importa. Pero ese verano que salió con sus “como dijo”, comencé a pensar seriamente en lo que significa hacerse cargo de lo que uno hace o dice. Pensé en la cantidad de gente que habla por boca de otros para no decir lo que piensa mientras a la vez lo está diciendo. Principalmente los capataces, cuando sostienen que hay que hacer esto o lo otro porque al patrón le gusta así o porque “la orden viene de arriba”, como les gusta decir, tal vez para hacerlo asustar a uno con ese “arriba”, que bien podría ser un mandato celestial.
El año siguiente, cuando lo volvimos a ver, parecía más normal Raúl, más hombrecito. Pero al poquito tiempo parece que se acordó de unos cordobeses que habían andando por el pago y comenzó a hablar como cordobés, esdrujuleando las vocales. Pero, como dijo Churito Andrade, ya éramos grandes y no le dimos tanta bolilla.
Refregando los lienzos. En el Utis.