Economía con bases genuinas


martes, 21 de febrero de 2012

La postura de las naciones latinoamericanas de apertura ilimitada para tener al capital foráneo, si bien se basa en conseguir oportunidades de inversión, debe

contrarrestar enormes riesgos para evitar la retracción de estos capitales. A esto se suma la atracción que ofrecen los países desarrollados (aún en estos tiempos de crisis de mercados) por encima de las naciones emergentes que preconizan políticas aperturistas, pero al mismo tiempo cierran posibilidades a los sectores de la producción internos. En este sentido, resulta incongruente que se hable de buenas perspectivas si los saldos —por ejemplo— entre importaciones y exportaciones perjudican a estas últimas al carecer de una política concreta de estímulo.

Por otro lado, cuando la inversión extranjera se resiente comienzan a producirse desequilibrios que afectan ese balance provocando y aumentando el riesgo de recesión, inflación, devaluación o sometimiento al dictado de los países centrales.

Por supuesto que la inversión extranjera —flujo vital para la economía— en el marco de una política de estabilidad monetaria, realismo cambiario y asignación eficiente de los recursos económicos, no empeora sino mejora la balanza de pagos que es lo que preocupa en los países que quieren crecer. Y ello no depende de que la inversión extranjera se dirija a industrias sustitutivas de importaciones o directamente exportadoras. Es suficiente con que tenga lugar dentro del marco de políticas económicas racionales y realistas. Mejor aún si se reinvierte una parte importante de las utilidades, como debería ser lo habitual. Pero eso depende de la fuerza que tenga un gobierno y de las condiciones que establezca para la radicación de industrias foráneas y de capitales que invierten hoy, especulan, y se van al poco tiempo.

En cuanto a las inversiones financieras, quizás una de las medidas que podría adoptarse para que se reduzcan los riesgos de perderlas de producirse turbulencia en los mercados, es que las mismas se realicen a largos plazos, a fin de observar definiciones de tendencias en las tasas, permitiendo al mismo tiempo que los activos puedan recuperarse y privilegiar la liquidez con flujos más seguros de inversiones. Y lo fundamental: orientar la política económica a la reactivación de la producción, de acuerdo a lo que demanda la realidad. Sólo destinando esfuerzos y recursos a la producción, la economía se asentará sobre bases genuinas.

 

 

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