

La Radio de los
Santiagueños
De todas las tareas que se hacen en una redacción de un diario, en la radio, en la televisión, quizás la más admirable sea la de comentarista, pues todos los días, sin faltar uno, debe tener una opinión para brindar a los lectores, oyentes o espectadores. ¡Sube el dólar?, opina, ¿baja?, opina también, ¿está un gobierno?, opina, ¿está otro?, opina, ¿está cara la leche?, opina, ¿está barata?, opina.
Oiga, debe ser difícil eso de andar pensando qué decir sobre cada tema que se presenta en la vida. Y tener temas también, porque ha de haber días en que no sucedan muchas cosas. Entonces, supone uno, recurren a los asuntos de siempre en la agenda de todos, la seguridad vial, la extinción de la corzuela o la educación de la juventud, que últimamente, ¿ha visto, doña?, anda peor que nunca.
Que lo contraten a uno como opinador ha de ser asunto arduo. Debe ser imprescindible tener una biblioteca nutrida, pero no tanto como para sumirlo en la indecisión. Porque si alguien tiene de esas que vienen divididas en mitades, que de un lado dicen una cosa y del otro la contraria, entonces se le volverá tarea ardua decir qué piensa sobre lo que está pasando, no digamos en el mundo o en la provincia, sino a la vuelta de su casa.
Por eso -se imagina uno, que de esas tareas conoce poco- que quizás el opinero de un medio de comunicación también lee lo que piensan los otros, los que tienen una idea contraria o distinta a la de él, por las dudas cualquiera de estos días deba discutirles con fundamentos.
Estos trabajadores de la información ni siquiera tienen la ventaja de uno, que es periodista común, que se limita a informar lo que ve. Ellos deben pensar algo siempre y de manera urgente. ¿Hubo un choque?, digo que es culpa de los conductores, porque no se fijan bien en las esquinas. ¿Dimitió el presidente de Indonesia?, eso es porque tuvo medidas contrarias a lo que le pedían de su propio partido, ¿crisis económica en Europa?, esa es fácil: que se ajusten el cinturón. Y así con todo.
Capaz que sean tipos con una mujer que siempre tiene la razón en la casa, y se vengan en el trabajo escribiendo lo contrario. Para no errarle.
Pateando un tiro libre. En Bajo de la Mesada.