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Cuando Gardel cantó contra Yrigoyen

* Por Guillermo Adolfo Abregú

Si bien la revolución del 6 de septiembre de 1930, encabezada por el general José Félix Uriburu -primer golpe militar de nuestra historia, que derrocó a Hipólito Yrigoyen-, fue el desencadenante de un  proceso crítico dentro de la Unión Cívica Radical, y el triunfo del sector militar conservador -con un importante apoyo civil- que esperaba el momento propicio para tomar el poder ???a tal punto que el viejo caudillo radical estaba al tanto de la revuelta militar sin tomar medida alguna-, ese día comenzaba lo que se dio en llamar ???la década infame???.

En los años `20, los intereses británicos se sentían profundamente afectados por la presencia en el gobierno argentino de don Hipólito Yrigoyen, un hombre que se resistía a las presiones de Londres. Por eso, aquel 6 de septiembre de 1930, en vísperas del alumbramiento de la cuarta década del siglo XX, el Foreing Office expresó públicamente su satisfacción cuando llegó de la lejana Buenos Aires, la noticia de la caída del caudillo radical. Ahora sí, podía pensar Gran Bretaña en reconquistar la más hermosa diadema rioplatense para incrustarla en la corona de su majestad, sin el accionar de un populacho como el yrigoyenista que perturbaba tan bello objetivo.

Los intereses de la Duch Oil eran manifiestos. Deseaba explotar la entonces incipiente producción petrolera argentina, pero antes era necesario desembarazarse del ???molesto viejo??? que sostenía una política de defensa de nuestros hidrocarburos, a través de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, una de sus más trascendentes realizaciones como gobernante. El golpe septembrino tenía una clara connotación pro-inglesa, mucho más que una emulación del régimen mussoliniano -entonces en ascenso- que algunos historiadores le han querido adjudicar, con el avieso propósito de ocultar las intenciones británicas.

La prueba está en que después de Uriburu vino Agustín P. Justo con los ???doctores??? y apoderados de las grandes empresas inglesas en el Río de la Plata, cuyo más ínclito representante fue Julio A. Roca (h), descendiente primogénito del conquistador del desierto. Ostentando el cargo de vicepresidente de la Nación, habría de inscribir en la historia de esta Argentina que tanto nos duele aún por los enfrentamientos y las frustraciones, aquellas ignominiosas palabras pronunciadas ante la Cámara de Comercio Británica, en ocasión de su visita a Londres que culminaría con la firma del famoso tratado Roca-Runciman. Dijo entonces Julio A. Roca (h): ???La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad económica de las naciones. Así ha podido decir un famoso publicista de celosa personalidad que ???la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico???. Tamaña actitud implicaba que cierto sector argentino deploraba amargamente que sir Carr Beresford fuera rechazado en Buenos Aires por criollos ignorantes, impidiendo a la Argentina ser, de veras, una parte integrante del Imperio Inglés.

El pacto Roca-Runciman -firmado el 1º de mayo de 1933-, fue uno de los más ignominiosos para los intereses nacionales. Como producto de la crisis financiera internacional de esos años, Gran Bretaña -principal socio comercial de la Argentina en la década del `30-, había tomado la decisión de comprar carne sólo a sus ex colonias (Canadá, Australia y Sudáfrica, entre otras), a fin de proteger el incipiente mercado de carnes de la Commonwealth. Para evitar que esa política inglesa afectara la balanza comercial argentina, el gobierno de Justo, suscribió este acuerdo para seguir vendiéndole carne congelada a Inglaterra, ???a cambio de aceptar la liberación de impuestos para los productos ingleses, al mismo tiempo que tomaba el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales (quedando exentos de todo perjuicio los intereses de los grandes ganaderos). Asimismo, se creó el Banco Central de la República Argentina, bajo la conducción de un directorio con fuerte composición de funcionarios del Imperio Británico???. Esta era la política entreguista que comenzó a regenerarse a partir de la caída de Yrigoyen.

Una canción que es mejor olvidar
La revolución del `30, fue un golpe de la oligarquía al servicio de los intereses británicos en el país. Y a ella le cantó Carlos Gardel (???La niebla gris rasgó veloz el vuelo del avión / y fue el triunfal amanecer de la revolución / Y como ayer, el inmortal 1810 / salió a la calle el pueblo radiante de altivez / No era un extraño el opresor, cual el de un siglo atrás / pero el mismo pabellón el que quiso arrebatar /  Y al resguardar la libertad del trágico malón / la voz eterna y pura por las calles resonó???), en una malhadada intervención del cantor popular que es mejor olvidar. Pero el ???Zorzal Criollo???, estaba afiliado al Partido Conservador de la provincia de Buenos Aires, y era amigo de los hombres fuertes del gobierno golpista de Uriburu, como así de gravitantes figuras como Alberto Barceló (ex intendente de Avellaneda, diputado y senador), Pedro Cernadas y otros destacados políticos conservadores de la ???década infame???. 

Los que fue y lo que vino
Cuando Yrigoyen, en la mañana del 6 de septiembre llegó a la Casa de Gobierno de La Plata, se comunicó con el Regimiento 7 de Infantería, pero sus jefes, pasados a la revolución, tenían orden de exigirle la renuncia. Una vez firmada fue detenido en la unidad militar hasta la madrugada del día siguiente, en que llegó la orden de su libertad. Prefirió quedarse hasta el día 11, asegurando que no tenía donde ir. Entre las casas saqueadas estaba la suya en la calle Brasil. Las manifestaciones de los universitarios y de las ligas patrióticas, sin tomar descanso, habían continuado con las de otros dirigentes radicales hasta llegar a los comités y los diarios ???La Calle??? y ???La ??poca???, que fueron quemados.

Con la caída de Yrigoyen volvería el tiempo de poner las cosas en el orden de los intereses monopólicos. De la política petrolera seguida por Yrigoyen, se concluye que admitió en principio la explotación privada, pero con capitales, técnicos y obreros nacionales. Dispuso poco más tarde la nacionalización del subsuelo, las fases de su exploración, extracción, elaboración y derivados y transporte. En 1928, se había aprobado el proyecto de ley para expropiar a las compañías extranjeras.

Hipólito Yrigoyen solicitó también la creación de la Marina Mercante. Ante la negativa que ocho veces encontró su pedido en una Cámara adversa, decidió por decreto la compra de siete barcos de carga, dos de los cuales eran para el transporte de petróleo. Luego, como alternativa, pidió expropiar barcos argentinos de ultramar y simultáneamente organizó su construcción en astilleros nacionales.

El problema de la exportación de carnes estuvo íntimamente referido a las necesidades de la corona británica. Victorino de la Plaza había sido neutral. Yrigoyen continuó siéndolo. Esta posición adoptada en la Primera Guerra Mundial, fue duramente criticada, pero el Presidente no cedió. En el orden universitario el gobierno de Yrigoyen se identificaba con el espíritu del tiempo nuevo con justas reivindicaciones para los estudiantes. Rechazó la modificación santafesina que eliminaba de su Carta Magna la palabra de Dios; y más tarde, se opuso al proyecto de ley de divorcio por considerar que ???el tipo de familia que nos viene de nuestros mayores, ha sido piedra angular en que se ha fundado la grandeza del país???. Si por neutralista había sido llamado germanófilo; por ayudar a los soviéticos, ateo y comunista, terminaría siendo motejado de santulón por oponerse tenazmente al divorcio.

Esta era la personalidad de ese gran argentino que fue Hipólito Yrigoyen, uno de los más grandes hombres que ha producido el país, que fuera derrocado el 6 de septiembre de 1930 por una confabulación de intereses antinacionales.

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