Redes:
18.12.14
Jueves | 22:29 hs
27ºC
Bienvenido

Don Quijote, símbolo histórico de España

Todas las tesis nos exponen como noción principal que don Quijote es la personificación de España como realidad histórica.
El Quijote es una obra-resultado no sólo de la vida, personalidad y avatares de su autor, sino de la historia de los siglos XVI y XVII. Por tanto, su sentido sólo con la clave biográfica, sino que es necesario adoptar una perspectiva más amplia de la época cervantina.
La tesis central de los comentarios históricos es que la novela es un símbolo de la historia contemporánea de Cervantes, de manera que en ella se expresan acontecimientos históricos o del conjunto de una etapa. En ello hay que distinguir dos tendencias: la que se limita a presentarlo como la encarnación simbólica de un periodo y la que, más allá del simbolismo, presenta a la novela globalmente tomada, y a su protagonista, como un símbolo de la historia de España, esto es, la historia de don Quijote es ahora la historia misma de España durante una fase, la de su grandeza y decadencia.
Otra modalidad interpretativa cimenta la tesis nuclear de la identidad entre don Quijote y España basándose en los paralelismos entre ambos términos de la identidad, y en los paralelismos entre Cervantes y la historia de su tiempo. En este caso, don Quijote es símbolo de España a través de Cervantes, en cuya biografía se condensan las experiencias de la España moderna: puesto que la vida de Cervantes se asemeja a la de España y la de éste se asemeja a la de don Quijote, don Quijote se constituye en encarnación simbólica de España. Aquí se pone lo autobiográfico al servicio de la historia.

Pérez Galdós
En artículos publicados en La Nación en 1868 dedicados a Cervantes, Galdós nos presenta el Quijote como la expresión literaria en clave alegórica de una España en declive. Desde un presente histórico, dirige su mirada al pasado para entender el inicio de la decadencia histórica de España y encuentra en el Quijote la clave de nuestra grandeza y de nuestra decadencia y en don Quijote la personificación de las mismas. Le llama la atención que don Quijote se engendrase en tal coyuntura histórica y establece una semejanza entre las desventuras y derrota final de don Quijote y los indicios de decaimiento en la España del siglo XVII.

Joaquín Costa
Su interpretación se centra en la figura de don Quijote, quien, como en Galdós, se presenta como símbolo de España y del modo de ser de los españoles. De manera explícita don Quijote aparece ahora como la encarnación literaria del destino y misión de España, y de los españoles en lo internacional, como la clave de una actuación histórica en el pasado, en el presente y en el porvenir.
Aunque Costa es conocido por haber elevado al Cid a la categoría de mito nacional, no es menos cierto que ha hecho lo mismo con don Quijote, a quien coloca a la par y le dedica palabras vibrantes.

Almirall
Valentín Almirall parte de premisas similares y concluye en un lugar diametralmente opuesto en cuanto a la valoración del significado de don Quijote. Su concepción de don Quijote combina la interpretación histórica con la psicológica en una línea racista. Si en Costa don Quijote es símbolo de la raza española, en Almirall lo es sólo de la raza castellana y de la España castellanizada, pero no de los catalanes que pertenecerían a una rara distinta, afín a la anglosajona, que es la raza fetén por la que él, claro está, siente más admiración. “Don Quijote es el tipo del generalizador sin base de observaciones propias ni recogidas por medio del estudio. Cree que todo puede reducirse a una fórmula sencilla e indiscutible. Pretende resolver los más intrincados problemas con una divagación bien adornada, y enseguida quiere imponer su solución a los demás. ¿Puede darse un tipo más genuinamente castellano” (El catalanismo, Antonio López, Editor, 1902, pág. 41)

Unamuno
El supuesto exegético es don Quijote como la encarnación del devenir de España en la historia, como el símbolo de su grandeza y su decadencia y como la clave para entender el sentido del pasado, Pero a este esquema interpretativo se le asigna un sentido diferente: el sentido del cambio de la primera a la segunda fase se puede resumir, con expresiones del propio Unamuno, como la sustitución del grito ¡Muera don Quijote y viva Alonso Quijano el Bueno! por el de ¡Viva don Quijote!
Otro aspecto de la España renacida según el espíritu de Alonso Quijano habrá de ser su carácter descentralizado a través de un movimiento regionalista, que Unamuno ve con simpatía. Frente a la España-don Quijote regida por un absurdo sentido de la unidad, la nueva España de Alonso Quijano se regirá por la diversidad regional.
El razonamiento reside en la posición que se adopte ante la locura de don Quijote: si se la interpreta negativamente como idealismo exaltado o que se la interprete como idealismo sublime, como expresión del entusiasmo por los más elevados ideales humanos y políticos o que se vean en ella aspectos positivos y negativos en tanto el idealismo quijotesco, por más que sublime en un sentido, en otro sentido se halla desquiciado.
Como se ve, la historia de don Quijote es una síntesis, en forma alegórica, de la historia de España, de manera que las aventuras y desventuras del hidalgo vienen a ser las aventuras y desventuras del pueblo español en la historia.

/
Los comentarios estan sujetos a aprobacion del moderador