Septiembre de 2010
07:49Lunes 27 de Febrero de 2006 | La derrota en el clásico ante Independiente no hizo otra cosa que agravar la profunda crisis que padece Racing y provocó un clima por demás enrarecido que promete seguir en BahÃa Blanca.
Buenos Aires. La derrota de Racing ante Independiente no hizo más que agravar una crisis que parece no tener fin, provocando un clima «enrarecido» que promete mantenerse mañana, cuando el equipo de Avellaneda visite a Olimpo, en BahÃa Blanca. La versión oficial dirá que «50 ó 60 energúmenos» fueron los que desataron los hechos de violencia en la cancha de Racing. Una sola parte de la verdad.
Claro, unas pocas personas empezaron los desmanes pero después cientos acompañaron. Porque ni siquiera fue toda la barra brava de Racing la que atacó el palco donde se encontraba Fernando MarÃn, porque a ese sector sólo se trasladó una parte de ese grupo de violentos, y porque hubo personas que no tenÃan nada que ver con la denominada «Guardia Imperial» que se sumaron a la barbarie.
El fastidio se apoderó de todos en Avellaneda (dejando de lado a la gente de Independiente, claro está). Le apuntaron a MarÃn En ese sentido, no se puede ocultar que la mayorÃa de los simpatizantes de la academia repudiaron a MarÃn y a su gerenciamiento, por más que esto se lo quiera esconder debajo de la alfombra.
Lo mismo vivieron los jugadores, quienes insólitamente tuvieron que estar dentro de la cancha 15 minutos sin poder irse a bañar a los vestuarios, debido a la ira de la gente.
La cuestión es que los hechos de violencia no comenzaron ni terminaron con la suspensión del clásico de Avellaneda, sino que prometen continuar y la siguiente parada es en la ciudad de BahÃa Blanca, que tendrá que prepararse para recibir a los hinchas de Racing, que en forma marginal e irracional (no es sólo una cuestión de barrabravas) desatan toda su locura por el mal rendimiento de un equipo de fútbol.
En medio de este panorama se encuentra el equipo que ahora dirige Diego Simeone, que por su amor por Racing tuvo que cortar en forma abrupta su carrera como futbolista y comenzar, como todos los que analizan sin compromisos presagiaron pese a la «excelente minipretemporada en Mendoza», de la peor manera, perdiendo sin atenuantes ante Independiente. Y el panorama no tiene visos de cambio, debido a que Racing no tiene plantel ni parece tener fuerzas suficientes como para revertir esta situación.
Momento de confusión
El momento de Racing es tan confuso que se asegura desde Blanquiceleste que «ahora con Simeone se apuesta en serio por los chicos», cuando esto está muy alejado de la realidad porque para que los juveniles prosperen debe existir un proyecto y no se debe tirar a los «pibes» dentro de la cancha y ver qué pasa como sucedió ante Independiente. Y todos observaron qué es lo que ocurrió: Pasó lo que tenÃa que pasar. «Racing salió de las páginas policiales» fue el latiguillo de MarÃn cuando después de despedir a Reinaldo Carlos Merlo las cosas empezaron a salir mal en el único club grande de Argentina totalmente «privado».
El mal momento se prolongó más de lo esperado (van más de cuatro años de malas) y el nuevo lema del publicista fue «se está pagando la quiebra y eso es lo más importante». El pago de la quiebra de Racing es el costo que Blanquiceleste tiene que abonar por gerenciar el fútbol (también el polideportivo) de uno de los grandes de Argentina, aunque también por contrato, según se habÃa establecido, tendrÃa que invertir 15 millones de pesos en el fútbol profesional por año.
Racing es una Sociedad Anónima, pese a quien le pese (sobre todo porque esto no está autorizado en los estatutos de la AFA), porque todas sus áreas son privadas, las sociales y las deportivas -salvo las que dan pérdidas- pero sigue sufriendo los mismos sÃntomas que en los viejos tiempos (sólo en 2001 se vivió una etapa que parecÃa diferente). Porque los barrabravas echan técnicos, como sucedió con Guillermo Rivarola, porque esos mismos reciben dinero para aplaudir o insultar, dependiendo del «capitalista de turno», y la violencia sigue diciendo presente.
En los tiempos de Juan De Stéfano los «matones» abundaban por Avellaneda y el ex presidente caminaba rodeado de guardaespaldas. Con Osvaldo Otero el club era un descontrol. Con Daniel LalÃn todo valÃa y con la sÃndico Liliana Ripoll (la única que no requerÃa de una custodia especial) Racing era una Asociación Civil a punto de desaparecer.
No son hinchas de Racing
En los «nuevos-viejos tiempos» ahora los «matones» tienen insignias de seguridad privada, pero sus formas no difieren mucho de lo que pasaba en el club de Avellaneda hace unos años.
Lo único distinto es que ni siquiera son hinchas de Racing. Como los viejos dirigentes, ahora le llega el turno a MarÃn de «huir» de la cancha de Racing rodeado de guardaespaldas. Nada parece haber cambiado, sólo se maquilló la realidad con un tÃtulo. (Télam)
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