No es un adiós, es un hasta luego, “Sapo”

Fueron poco más de tres años, en el fútbol es casi una vida. Llegaste en medio de una situación difícil, con el equipo luchando por no apagar las últimas luces de la esperanza por mantener la categoría y quedar en la B Nacional. Y casi lo logras, cayendo en el último partido ante All Boys en Floresta. Tu frase en el vestuario destruido aquel día marcó la impronta de tu paso, el más exitoso de un entrenador en la historia del club. "Hay que tragar el veneno y seguir". En medio el dolor, parecía una frase típica de alguien que tiene que hacer una declaración y salir airoso. Pero hiciste que con el correr el tiempo tomara cuerpo y sentido aquello tarde noche de fin de julio de 2017.

Un club con mucha historia que de tu mano llegó a cumplir sueños que parecían solamente eso, porque justamente la ilusión es la que mantiene vivo al hincha de fútbol. Y si algo soñaron siempre los clubes santiagueños, más creo Central Córdoba por cuestiones de desempeño respecto a otros equipos locales, es ascender a Primera. Había sucedido con equipos de Tucumán, Salta y Jujuy pero Santiago debía esperar y fueron largos años de espera.

Pero cada vez que llovió paró. Y el "Sapo" se convirtió con un equipo de guerreros en un héroe de carne y hueso, ese que hizo posible lo que parecía nunca se iba a dar. Primero devolvió en una temporada al equipo a la B Nacional. Ya era un logro importantísimo, volver a la categoría que había perdido. Luego comenzó el reducido y cruce a cruce fue superando a cada uno de sus adversarios hasta llegar a la final con Sarmiento en Junín. Penales de por medio, la gloria se abrazaba a ese grupo de hombres que se traían a Santiago el premio más esperado, en vísperas del Centenario del club.

Ahí sí, el Sapo se hizo de bronce, se ganó que su figura se pintara en las paredes del club pero además quedara grabada a fuego en el corazón de los hinchas.

Pero el destino tenía más para este hombre al que la fama lo arroyó pero no cambió, nunca cambió. Siguió siendo el cordobés de siempre, el tipo simpático, familiero, la mascota de su querido Talleres que ahora ocupaba la atención de los medios porteños especializados.

Y siempre con una sonrisa y mucha humidad, llevando el nombre de Central Córdoba a la consideración del "mundo del fútbol" pero ese que antes veíamos por TV y que ahora nos convocaba domingo de por medio al Alfredo Terrera.

Ya nada era lo mismo, tampoco había imposibles. Los sueños eran realidad y que "venga Boca o River" a la Provincia un hecho palpable.

Y un día el Coleoni al que ya no se le podía exigir más, porque había logrado todo, o casi todo, lleva a su equipo a una final de una competencia nacional disputada por todos los clubes de Argentina, y vuelve a convulsionar a la Provincia.

Pero, siempre hay un pero, "es fútbol y los resultados mandan" y por h o por b el equipo tuvo un bajón, de esos que casi no tuvo en tres años de puros éxitos y dejaste la dirección técnica, luego de un partido a puertas cerradas.

La vida tiene estas cosas, en las buenas están todos, en las malas, pocos. Y Coleoni, acostumbrado a los vitores y aplausos de multitudes se fue luego de un partido que no mereció perder con la cancha vacía, sin público. El fútbol en la Argentina fue suspendido.

Había que parar, porque así lo demanda la emergencia, porque también el corazón merece un respiro, pero no crean que llegó el final de la historia, seguramente habrá "nueva temporada" quizás más temprano que tarde.

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